Mar 23, 2010

Mi primera pista


Me crié entre mujeres. En mi casa, por lo menos hasta las 8 de la noche, sólo estábamos mi única hermana, mi mamá y yo. Cuando mi papá llegaba, lo último que se le podía pedir era que jugara con "las niñitas". Así que carritos, para mí, eran en los que uno se montaba cuando necesitaba transportarse.
Todo eso cambió cuando me convertí en "madre de un varón". Mis primas se escandalizaban: "Son distintos" "Pobrecita, son tan tremendos", "las niñitas son unos ángeles, pero los varones..." Así se iban cumpliendo, una a una, esa serie de cariñosas profecías que justificaron mi eterna negación ante una pastorcita de Lladró y un puerco espín de Swarovsky
Me veía como una sobreviviente de pelotazos dentro de la casa. Mordiscos, "aruños" (palabra oída por primera vez en el kínder), tierra en ojos ajenos y propios. Máster en cambio de pañales con ojos cerrados en baño chiquito. Sexto y séptimo sentido desarrollados, para indicar el momento exacto de hacerlo, antes de que el aroma lo acusara.
Me sentía en ese pedestal de súper madre de varón, hasta que me tocó la prueba más difícil, especie de examen final de "varonilidad": armar una pista eléctrica de carreras. Se veía sencillo, una cajita made in china con piecitas que parecían encajar facilito. Pero resulta que las partes tenían que hacer "contacto" para que la "electricidad" pasara. Aquí el inglés se iba convirtiendo en chino. 3 horas después, pistica conectada y armada, pilas puestas en los controles y todo, se me ocurre voltear los carritos y me encuentro con que tienen al frente de las rueditas delanteras unos pelos plateados cual robot de Monstruos del Espacio. Confieso que parecía peligroso, pero qué más. El niño gritaba por vez número 3000 "¿y mi carrito?, así que me ceñí estrictamente a las instrucciones que en ninguna parte leía "Warning".
Total que ocurrió el milagro", los carritos rodaban.
Fui la heroína de mi hijo durante la siguiente hora. Trixie y hasta Penélope Glamour no eran nadie si competían conmigo. Los carritos se salían a cada rato, las pilas del control nos traicionaban, las melenas eléctricas se despeinaban y los carritos no corrían. Pero triunfamos. Le había ganado la carrera a esa primera pista.
Con ese aire de sobrada Alonso en mí, me encontré para comer con mi esposo y mi cuñado. Sus comentarios fueron "Pero si todas las pistas son así" "Pero si esas se arman en 10 minutos" "Los pelos son los contactos, o cómo crees tú que iba a rodar el carrito si el circuito... (ahí empezaron los papás de Snoopy a hablar al fondo).
Los quiero ver despegándole el chicle al pelo de una Barbie o, peor aún, a la melenita de un Pequeño Pony. Ahí los espero.
Mientras tanto, seguiré entrenando en mi pistica.

Publicado por primera vez el 6 de abril de 2007

1 comment:

  1. ¡Este post es precioso! Gran gran mérito el de educar a un pequeño ser así, sin referencias, sin contextos. Quizás es mejor, por otro lado. Mmhhh...

    Me gustó muchísimo lo de los papás de Snoopy. Se me hace que te lo voy a robar… :-) (prometo darte crédito, al menos)

    ReplyDelete