Jan 30, 2012

Villa Alegre

Villa Alegre era un show que transmitía la TV venezolana en una época en la que teníamos que "conformarmos" con los 4 ó 5 canales de señal abierta disponibles. Villa Alegre era una especie de pueblo donde los mayores le hablaban a los niños en inglés, éstos les respondían en español y viceversa. Recuerdo que su formato era bastante más divertido que la mayoría de los programas educativos que hacían de baby sitter en las tardes lluviosas mientras las madres terminaban la cena. Y, aunque no puedo decir si me enseñó o no inglés, puedo asegurar que si las casas en EE.UU. tuvieran nombre, la mía se llamaría Villa Alegre.
En mi natural terquedad, nunca he entendido porqué madres que dominan perfectamente el español insisten en comunicarse con sus hijos, una vez mudadas a un país angloparlante, en un idioma que definitivamente las pone en desventaja.
Primero está el problema del "acento nativo". No importa cuántos cursos en gramática inglesa tengas: si no aprendiste a pronunciar la "z" en inglés antes de los 4 años, serán necesarias al menos dos reencarnaciones para lograrlo (en mi caso, tres). Si sé que nunca podría llamar por teléfono a un niño llamado "Zachary" ni me entienden cuando dicto "Grizzly Peak Boulevard", ¿Por qué debo insistir en hablarle a mis hijos como una copia devaluada de Sofía Vergara? (inserte tono envidioso aquí).
Además de evitarme humillaciones innecesarias ("mami, es "zzzziiibra, no ziiiiibra"),  el hablarle en español a mis hijos les da una ventaja sobre sus compañeros, muchos de ellos 100% monolingües, al entrenarlos a pensar en dos idiomas como nativos y, a medida que se hacen más grandes, a distinguir cuántas de las diferencias culturales se ven reflejadas en las sutilezas del lenguaje ; ¿Cómo entender la diferencia entre "ser" y "estar" con un solo verbo "to be"?
No puedo evitar reírme al oír a mis compañeras idiomáticas regañar a sus hijos en lo que yo llamo "español en inglés" delante de un público completamente hispanoparlante. ¿Que los niños se confunden si oyen dos idiomas? La cantidad de inmigrantes que dominan a la perfección más de una lengua demuestra lo contrario.
Yo insisto en transformar mi imposibilidad de adquirir un acento nativo en una oportunidad para que mis hijos (y algunos de sus pobres amiguitos) escuchen el español que me ayuda a escribir lo que quiero y al que defiendo ante los criminales de ortografía de todas las maneras posibles. Ellos, acostumbrados a expresarse socialmente en inglés, me oyen responderles en español e imagino que, en su mente, me ponen los subtítulos en inglés. Claro, ellos no habían nacido cuando pasaban Villa Alegre.

Jan 25, 2012

Orden e importancia

Si hiciera una lista de las cosas que son completamente diferentes para mí desde que me mudé de Caracas a Berkeley, necesitaría pedirle espacio a los servidores de Wikipedia. Diferentes no significa mejores ni peores, sólo eso: distintas.

En general, cuando uno viene de un país como Venezuela, donde el caos no sólo es aceptado sino que muchas veces celebrado, el choque cultural que representa el orden norteamericano es fuerte: si una cita es a las 9 no es a las 9:05 ni a las 9:30, es a las 9:00; el "como a las 9", aunque puede traducirse como "9 ish", no existe como concepto. ¿Será que el tiempo tiene más valor para ellos que para nosotros, o que preferimos trasladar el stress de las citas puntuales a otros asuntos?
Por otro lado, ese respeto ciego al orden los hace muy vulnerables a nuestros "manejos de objeciones": ante un "lo lamento, no hay citas hasta marzo de 2013" respondemos "¿seguro? ¿puede buscar en la agenda a ver si hay un huequito? Sí, espero mientras revisa" y, casi siempre, nuestro apremio de última hora resulta vencedor.

Ese orden férreo se traslada a todos los aspectos de la vida en Berkeley. Yo, acostumbrada a la eterna incertidumbre, me sobresalto ante la falta de sorpresas. Pero dicen que uno se acostumbra a todo y yo estoy entrenando para eso.
Mi último examen de equivalencia entre Ccs/Bk lo presenté este fin de semana: mi hijo mayor fue invitado al cumpleaños de uno de sus compañeros de clase. Familia berkeliana al 100%, padres encantadores, educadísimos, correctísimos y todos esos ísimos. Hijos maravillosos, inteligentes, educados, leídos (sí, leídos), probablemente no ven televisión y estoy segura de que se saben la Ley de Gravitación Universal con fórmula y todo.

Por supuesto, la celebración tenía una agenda: comenzó con un almuerzo donde todos los niños se sentaron, comieron y esperaron pacientemente, sin levantarse, hasta que cantaron cumpleaños. ¿Cómo hicieron para que mi Santiago, que no aguanta ni 2 minutos sin revolverse, soportara 40 minutos en la mesa? (Inserte cara envidiosa aquí). Además, los estoicos niños esperaron, sin pararse de sus sillas, hasta que les sirvieron su correspondiente pedazo de torta con helado. Debo reconocer que el pastel merecía la pena, pero cuando intenté hacer lo mismo en mi casa con un pedazo que me regalaron, no funcionó: me pregunto qué estoy haciendo mal.
Para mí, que no existe algo como "estás comiendo demasiada azúcar" la restricción de un solo pedazo de torta por niño me parece incomprensible, pero cuando ves las cifras de obesidad infantil a nivel mundial tiendes a darles la razón. Mis hijos, que no aceptan un "no" por respuesta (¿a quién habrán salido?), ya interiorizaron el "no seconds" y son felices así. Dios los libre de una piñata venezolana con torta, quesillo, profiteroles, gelatina, tequeños y mucha frescolita y uvita. 
Al finalizar el almuerzo, la agenda indicaba que se llevaría a cabo un juego. Yo, madre salvaje de hijos en estado de domesticación, esperaba una competencia de velocidad, destreza o una rifa con adivinanzas. Imaginen mi cara cuando vi al padre del cumpleañero entregar sendas hojas a los equipos donde tenían que descifrar una clave numérica para encontrar un tesoro. Agradeciendo infinitamente a Pérez Reverte, heroicamente me ofrecí a ayudar al equipo de mi hijo (no fueran a darse cuenta los demás papás que Santiago juega Mario Galaxy) y descubrí que los niños necesitan poca ayuda cuando hay un premio de por medio, sin importar qué difícil le parezca a los padres el reto que enfrentan.
Todo lo anterior se llevaba a cabo en un respetuoso tono de voz: Milagro! En mi casa no se habla en volumen moderado ni que se muera alguien: ¿Cómo hace esa familia para controlar el nivel de ruido de 12 niños de 7 años y sus padres? Debe ser el azúcar.
Al finalizar el evento, mi hijo seguía convertido en el perfecto niño berkeliano y yo en la mamá atónita recordando a las Esposas de Stepford, entre asustada y esperanzada.
No sé si para mi tristeza o felicidad, el efecto domesticador de la fiesta no duró mucho. El "Berkeley Santiago" se convirtió en "Mi Santiago" al cruzar la puerta de mi casa, con su volumen regular de voz y sus exigencias y yo, acostumbrada a pensar entre ruido concluí que en un país tan tecnificado como éste, es lógico que la gente vuelva a lo básico y redescubra el placer de descifrar códigos numéricos, crucigramas, etc. Al volver de la fiesta, busqué mis libros de criptogramas y recordé, orgullosamente, lo bien que se siente descifrarlos.
El proceso de "des tecnologización" es difícil para los niños. Pasar de un mundo donde todo sucede inmediatamente a otro que exige artesanía puede parecer un retroceso para ellos, pero la paciencia se cultiva y, si yo estoy aprendiendo a vivir en un mundo nuevo ellos podrán hasta construir el suyo.
Sí, ya me di cuenta: me desvié del tema.

Para concluir esta reflexión, después de tres años aquí sigo aprendiendo que el orden hace falta, las diferencias son buenas, que para los niños es tan fácil aprender como desaprender y que las ciudades perfectas dependen de la gente que las habita.

Eso sí, mis piñatas seguirán teniendo muchos dulces.











Jul 21, 2011

De géneros, genéricos y generales.

Hace unos días leía sobre los "nazis del idioma" y su movimiento de inquisición y presenciaba un desacuerdo entre lo que es correcto e incorrecto según el Santo Diccionario de la RAE y me di cuenta de que
detesto cordialmente a la RAE. Mi amor por el español y su gramática, basada en nuestro "desordenado" ser no puede admitir que este idioma sea normado por leyes draconianas. Reconozco que somos tan desorganizados que algunas reglas tenemos que respetar. Además, cada vez que alguien agrega una s al pasado de la segunda persona del singular siento que pierdo un año de vida. Pero hasta ahí.Los idiomas evolucionan todos los días y no podemos esperar que S.A.R. Doña Rae sea omnipresente o tenga oído biónico para contar con su venia para emplear correctamente una palabra recién acuñada. Igualmente, anglicismos, galicismos y demás itsmos tienen cada vez menos sentido en una sociedad globalizada: no necesito que Don Camilo José Cela o Don José María Pemán me autoricen, vía Ouija, el uso de "postear" o "forwardear".

Adicionalmente, he desarrollado una especial animadversión hacia los "Generales en Jefe" de la RAE: una cosa es la corrección gramatical y los horrorosos errores ortográficos: debe existir un mínimo respeto por la lengua que ya dejó de ser de Cervantes para convertirse en nuestra y otra, muy diferente, esgrimir las "Leyes de la Academia" para excluir, por ejemplo, la igualdad de género en nuestro idioma. Normas que en realidad son mucho menos férreas si consultas el DRAE que si eres víctima de un gendarme del español.
En mi opinión, utilizar a la Academia como excusa para no admitir el uso de un término en su género femenino, por considerarlo redundante, puede que sea correcto, mas no me parece justo. Este diccionario acepta "abogado" y "abogada", pero hay a quien le parece inútil su utilización conjunta.
¿Cómo olvidar a las mujeres, que ayudadas por muchos caballeros han luchado para que se reconozca que podemos hacer las mismas cosas, y hasta más, que los hombres? Entonces. ¿por qué tenemos que conformarnos con que las profesiones sólo se llamen por el género masculino? Sé que es ocioso, repetitivo, redundante, fastidioso y todos los osos los discursos que parecieran querer llenar espacios al decir "niños y niñas" y que "niños" los incluye a ambos. Pero la culpa es de nuestro idioma, que define géneros según la letra final. ¿Por qué no hay un "Damas" y "Caballeros" para cada cosa? (sí, sería medio ridículo y hasta poco económico).
Sin embargo, existen varios casos de palabras "unisex": como "Presidente", que en mi opinión es bastante neutra porque admite tanto "el" como "la" como artículos. Igual pasa con "Juez", "Policía", "Votante", "Pobladores", etc. En mi opinión decir Presidente y Presidenta resulta ocioso porque "presidente" (y todas esas palabras terminadas en "e") suena bastante neutro.
Personalmente, me alegro cuando dicen Abogados y Abogadas. Lo de ciudadanos y ciudadanas me tiene sin cuidado ya que la ciudananía es un derecho con el que nacemos sin importar el sexo.
Me llama la atención que en esta sociedad hispanoparlante tan machista nadie haya protestado porque la profesión "Publicista" termina en a y pudiera ser sólo del género femenino. No oímos a nadie presentando: -"estimados publicistos y publicistas", ¿No? Así me siento con respecto a "miembros y miembras".En inglés han resuelto el asunto de la igualdad de género de una manera muy inteligente: en lugar de usar como prefijo "man" o "woman", usan "person". Porque al final eso es lo que somos todos, ¿no? Personas. Sin embargo, son bien cuidadosos con los pronombres, dicen "he or she" (él o ella) y el plural, "them" (ellos) es completamente neutro. Pero no conozco mucho de su academia de la lengua. Debe ser porque no tienen: sabios, ¿no?

¿Conclusiones? No tengo. Si Ana María Matute, Arturo Pérez Reverte y Antonio Muñoz Molina no me dan permiso para usar redundancias ni neologismos, pues los obedeceré, siempre que me lo prohíban personalmente. Por lo demás, seguiré tratando al español como lo que es: una lengua viva que nunca dejará de evolucionar y cuyas reglas escribimos quienes la usamos todos los días. Y no: no soy filóloga ni lingüista (por si acaso se me fue un gazapo).

Jul 19, 2011

Hairspray. Vinotinto.

Aunque soy venezolana no sé mucho de telenovelas. Que mi padre sea español tampoco me hace especialista en fútbol. Por eso, al enterarme de las reacciones de los "comentaristas" -así, entre comillas- ante la no eliminación de la selección de fútbol venezolana -hay que estar claro en que no están asombrados porque Venezuela pasó a las semifinales sino porque no la eliminaron en la primera ronda- Vinieron a mi mente situaciones de varias de mis películas favoritas, entre ellas "Hairspray", del maravilloso John Waters. Esta obra maestra de Waters narra la historia de Tracy Turnblad, una adolescente algo pasada de peso, que quiere ganar un concurso de baile televisado durante los años 60.

En realidad, si vamos a cuentos de hadas, el equipo de Venezuela no es ni remotamente Cenicienta. Cenicienta nació en cuna de oro y su justo puesto en la sociedad le fue arrebatado por su malvada madrastra y las envidiosas, además de feas, hermanastras. Sin embargo, Cenicienta era bella y educada, sólo necesitaba un hada madrina que le presentara a su príncipe para triunfar (con detallitos como zapatillas de cristal para darle dramatismo, claro).

Ese nunca fue el caso de la Vinotinto.

Nuestra selección de fútbol siempre fue más, en mi opinión, esa niña impopular durante toda la primaria y parte de la secundaria. Algo torpe. Con maestros que no la ayudaban porque no habían descubierto que podía tener potencial. De un día para otro, se dieron cuenta de que era mucho mejor de lo que creían al principio y comenzaron a invitarla a fiestas organizadas por los más populares donde hasta bailaba toda la noche.
Hasta que, como en Hairspray, a la gordita impopular, que pasó años practicando, le tocó medirse con las chicas más bellas y exitosas, que nunca vieron a (Tracy) Venezuela como competencia real y, oh sorpresa, en el baile que las llevaría a la fama, hasta bailó mejor y ganó. Por supuesto, las triunfadoras de siempre se quejaron de la disminución de categoría del evento, pusieron a opinar a sus madres, expertas en belleza, danza y esas lides y prometieron afilar sus garras para las próximas justas (que sólo lo serían si volvían a reinar ellas, claro).
Pero, como le pasó a Tracy Turnblad, las victorias no le llegan a la selección por su cara bonita y, si se descuidan, pueden volver a quedarse olvidadas al fondo del salón.
Mientras tanto, disfrutemos de los triunfos tratando de mantener algo de humildad y mostrando nuestra mejor cara: la única que tenemos mientras a las eternas reinas de belleza el maquillaje se les corre de disgusto.

Feb 18, 2011

Tolerancia cero. Literalmente.

Detesto la "tolerancia". Me parece asumir una posición cómoda que no compromete tu actitud ante comportamientos o situaciones que, o no entiendes o no te da la gana de aceptar. Sí, sé que mi afirmación es bastante intolerante, pero decidí que no toleraré más nada: lo aceptaré.

"My Princess Boy" es el título del libro que tuve la suerte de conocer, por su autora, uno de esos días que mis hijos me arrastran a ver el "choo-choo" en la librería.

La escritora, mamá del protagonista, narra cómo a su hijo menor, en lugar de gustarle vestir ropa "de varón", prefiere los tutús, faldas vaporosas, bisutería y accesorios escarchados y de qué manera ella acepta a su hijo y busca que todos, seamos madres, padres, compañeros de colegio o de trabajo de alguien que no se comporta de la misma manera que nosotros, los aceptemos como son.

En una de las partes del libro, ella narra cómo uno de sus compañeros de clase, al verlo en vestido, le preguntó " ¿eso es una falda?", y él respondió "sí" y, en seguida, fueron a jugar a su cuarto. Para mí, aceptación no significa ignorar lo que pasa como si no existiera, sino reconocer que hay diferencias y que ser diferente no es ni malo ni un motivo de exclusión.

Cuando mi hijo mayor tenía 4 años, mientras esperaba para ser atendido en el pediatra, se le acercó a una muchacha que pesaba aproximadamente 200 kilos y le preguntó "¿Por qué tú eres tan gorda"? (por supuesto yo rezaba por un tsunami que me barriera de ahí). Ella, le sonrió y le dijo "porque me gusta mucho comer", y comenzaron a hablar, pintar y hacer más llevaderas las 2 horas de espera. Me di cuenta de que mi hijo no estaba emitiendo un juicio de valor al preguntarle por qué era así, sólo tenía curiosidad. Ser gordo o flaco, para él, no es ni bueno ni malo, sólo vio que la muchacha era distinta y pregunto: eso es aceptar, para mí. Tolerancia se llaman esas personas que ven lo que pasa de reojo. compadecen al "afectado" y hablan de su "desgracia" a su espalda, exaltando sus propias virtudes al creer que no decir nada lo hizo sentir mejor.

Fui criada para ignorar las diferencias. Podía ver a un señor con medio cerebro afuera y no emitir ni un mínimo comentario ni dejar que mi mirada traicionara mi extrañeza, eso era lo que, en mi época infantil, llamaban educación. Demostrar curiosidad ante las personas distintas estaba prohibido.

La generación de mi hijo la tiene más fácil y, a la vez, más difícil. Tienen que ser más sabios, no pueden sólo tolerar las diferencias, tienen que reconocerlas, aceptarlas y vivir con ellas. Por eso trato siempre de decirles: no quiero que toleres a nadie, eso no basta: acéptalos como son y aprecia todas las diferencias que hacen del mundo en que vives un lugar mágico y especial.

Jan 30, 2011

El verdadero post "Amansafollowers"

Últimamente se ha vuelto popular entre los "Social Media Experts" dar razones y fórmulas mágicas por las cuales tendrás más seguidores en Twitter, lo cual no puedo evitar que me recuerde a las portadas de Cosmopolitan prometiendo amores fáciles y eternos. Hasta leí que venden por e-bay cuentas según el número de seguidores ¿será por eso el auge del follounoporuno ése?

Sin embargo, esos inspirados posts "amansafollowers" me hicieron pensar en lo contrario: ¿por qué dejo de seguir, sin pensarlo, a alguien en Twitter, y éstas fueron las razones, totalmente personales.

-haces publicidad mala e invasiva (aconsejo consultar "Under the Radar").

-eres racista

-insultas mujeres (aunque no las conozca).

-haces comentarios homofóbicos

-sólo tuiteas feeds

-te crees periódico

-usas Twitter para hacerte publicidad (entiéndase buscar novio-a)

-tuiteas pornografía

-RTeas pornografía

-Dices lo mismo muchas veces (auto copy-paste)

-Autolisonja ("qué bello soy" "qué bueno soy en lo que hago" "soy millonario y uds. no")

-Copias tweets (míos o ajenos)

-Protagonizas una mala novela twittera, que incluye chismes, dimesydiretes y yonofuises.

-Te malpegas con algo o contra algo.

-Mandas spam por DM a estas alturas.

Sé que nadie debería dejar de escribir un tweet por miedo a perder seguidores, pero tu libertad de expresión termina donde comienza mi tl.

Aunque a veces tengo que limpiar mi lista de seguidos porque no me alcanza el tiempo ni tengo el span (¿o spam?) de atención necesario para leerlos a todos, siempre dejo abierta la posibilidad de seguirlos de nuevo, a menos que hayan cometido los "pecados" anteriores.

Oct 14, 2010

Léelo (antes de que te lean a ti).

Para detener la "acometida" de horrores ortográficos, aquí les dejo otra lista de dudas comunes:

Los verbos terminados en "zar", cuando llevan "e" en su conjugación la "z" se convierte en "c": rezar, recen. gozar, gocen.

Los diminutivos son con "c", no con "s": Café, cafecito. Carmen, Carmencita. Abusador, abusadorcito. Lazo, lacito.

A veces puedes usar "de qué". La regla es fácil: para saber si escribir qué o de qué, házte la pregunta. Por ejemplo, en "me di cuenta de que a Alicia le gustaba el chocolate", pregúntate "¿de qué me di cuenta?" (sería raro preguntarte ¿"qué me di cuenta"? ¿verdad?)

Porque y por qué. Por qué se usa cuando quieres saber algo. Porque cuando lo respondes. ¿Por qué no me llamaste? Porque no tenía tu teléfono.

Confieso se escribe con s. Confiezo no existe.

"Capaz" no es sinónimo de "a lo mejor" ni de "quizás". Utilizado así es, según los entendidos, un barbarismo. Para mí es una barbaridad.

No existen palabras como "comistes", "escribistes", "supistes", etc. Nada de eso lleva s al final. "vistes" lleva s cuando se refiere a "vestir", no a "ver": tú vistes una camisa de Selemar.

A la final es un barbarismo (barbaridad). Es "al final" (además es más corto). Sin embargo, leí que fue aceptado por la RAE.

Las palabras que terminan en z no llevan acento en la última sílaba: feliz, matiz, tapiz, etc. no llevan acento (ortográfico, o sea, tilde).

Casa, de casamiento y de hogar es con s. De "atrapar un animal" es con z: caza.

Osea no existe. Existe "ósea" (referido a los huesos). O sea que se dice "o sea". ¿me explico?

Finalmente, "sé", sé de saber lleva tilde, ésa está fácil: "no sé", "ya sé". Si escribes "no se quita", no lleva.

(este último párrafo es una contribución de David Castellanos)

Oct 13, 2010

Superficialidades.

Era imposible que un caso como el de los mineros chilenos pasara desapercibido. No podía esperarse algo diferente al reality show transmitido desde Copiapó que hizo derramar más lágrimas que cualquier "extreme makeover". Eran 33 personas que sobrevivieron al derrumbe de una mina y se dieron por muertas durante una semana. Comunicaron que estaban vivos mediante una carta cuya foto probablemente gane no uno sino varios Pulitzers. Movilizaron prodigios de ingenería de todo el planeta en su rescate y contaban con la mejor cobertura cinematográfica para documentarlo: si eso no es buena producción, no sé qué lo será. Pero, ¿alguien habló con los protagonistas?

No veo reality shows estilo Jersey Shore ni nada que se le parezca, pero si los que ahí aparecen aceptaron ser parte del casting, cualquier comentario (o chisme) que se haga sobre ellos era un riesgo inherente al contrato.
En cambio, estos señores mineros sólo bajaron a hacer su trabajo diario. No se imaginaban que su anónima vida, tan anónima como la de cualquiera de nosotros, iba a ocupar las primeras páginas de la prensa internacional. Y, de repente, uno de ellos, bautizado injustamente como "el minero infiel" (y digo injustamente porque no creo que nadie deba poner nombres) pasó a ser más importante que la cápsula Fénix. Su llegada creó más expectativa que la de los demás mineros sólo porque se le conocía una esposa y una "amante". Chistes, muy fáciles todos, iban y venían. Leí que diría "trágame tierra" al salir más o menos mil veces. ¿Será que era más fácil enfocarse en las debilidades humanas que en la grandeza de todo lo que estaba pasando?

Ojalá y en unos meses la Historia (así, con mayúscula) que hoy se escribe de lo que pasó en Chile no se recuerde como "el caso del minero y las 2 mujeres" .

Claro, estoy segura de que Laura en América hará un programa con él antes de que Discovery Channel airee "Megaestructuras: así funciona la cápsula Fénix"

Sep 18, 2010

Ojalá no sea esto lo que te lleve a votar.


Cuando traté de explicarle a una amiga visitante los niveles de inseguridad en Venezuela y qué era un secuestro express, me di cuenta de que mis palabras nunca podrían describir la angustia que viven decenas de venezolanos cada día, ni la incertidumbre con la que salen de sus casas sin saber si regresarán.
Encontré este video que me impresionó y, cuando se lo mostré, comprendió perfectamente: imágenes que hablan por personas que no podrán hacerlo más.
Sé que la inseguridad no es la única razón para votar por una asamblea que se dedique a algo más que a rendirle pleitesía a un presidente. Sin embargo, para mí, es una de las más importantes.

Sep 10, 2010

El post que nadie tiene que saber que leyeron.

Uno de los grandes problemas del microblogging es que en 140 caracteres resulta muy evidente cuando cometemos un error ortográfico.

Además de que el mal uso de las palabras (y hasta errores en su acentuación) cambia todo el sentido de la oración, una barbaridad ortográfica puede hacerle perder toda la fuerza a una frase que, correctamente escrita, quién sabe si hasta sería brillante.

No se asusten: no voy a convertir esto en una clase de Castellano. Sólamente haré una pequeña lista de lo que considero son los términos que se prestan a confusiones más comunes.

Ay, hay y ahí

¡Ay! Interjección. Se usa en frases como "ay, papá, tú como que tuiteas borracho"

Hay del verbo haber: "hay hombres que no entienden cuándo deben quedarse callados"

Ahí indica lugar, ubicación: "ahí mismo queda la casa"

A, ha y ah

A es preposición. Se usa en frases como "a veces es mejor quedarse callado"

Ha, también del verbo "Haber". Se utiliza en casos como "él se ha presentado varias veces como su novio".

Ah, interjección. "ah, tienes razón"

He, e

He, del verbo "haber". Ejemplo: "te he llamado tres veces"

E, se usa en lugar de "y" cuando la palabra que viene también comienza por "i": "Somos Carlos e Irene"

A ver, haber.

A ver, son dos palabras. Su uso parece obvio, ¿no? "Vamos a ver si entendieron"

Haber, verbo en infinitivo: "va a haber fiesta esta noche"

Echo, hecho

Echo es del verbo "echar", arrojar, tirar: "El perro echó a correr cuando vio la carne"

Hecho: del verbo "hacer": "del dicho al hecho hay mucho trecho", "hecho en Venezuela"

APRÉNDANSE ESTO: Hechar no existe.

Hacer, a ser

Hacer, verbo en infinitivo que significa elaborar, confeccionar. "Vamos a hacer una colecta para el ancianato"

A ser, son dos palabras, Es otra forma de decir "será": "Vicente va a ser abogado cuando crezca".

Espero que mi micro lección de castellano les sea útil alguna vez. Y, tranquilos, siempre pueden decir "yo siempre me supe esas reglas". Pero, si después de leer esto, siguen escribiendo burradas, con mi conciencia tranquila diré "yo no tengo la culpa".




Sep 6, 2010

Las plañideras 2.0

Recuerdo que en primaria me hicieron leer una historia sobre "Las Plañideras": señoras que, sin tener la menor idea de quién era el muerto, eran contratadas a ver quién lloraba más duro durante el velorio. Pertenecían a una cofradía, según recuerdo. Creo que debe haber pocos oficios más patéticos que ése, pensé.

Esta semana presencié la modernización y, peor aún, digitalización, de ese cuento: después de una prolongada huelga de hambre falleció el Sr. Franklin Brito. Si tenía o no razones para hacerla no viene el caso. Estar o no de acuerdo con él, tampoco. Respeto la vida, pero respeto sus razones también, y, al fin y al cabo, era su vida.

Hubo personas que, por cariño y solidaridad con él, se convirtieron en (por lo menos ante mis ojos) su "familia extendida". Vivieron y compartieron con nosotros su historia y agonías. Nunca dejaron, aunque "pasara de moda" de estar pendientes de él y hasta de tratar de atraer nuestra atención. Pero fueron bien pocas. Ustedes sabes quiénes son.

Aunque quise dejar a un lado el fondo político, reconozco que considero mi aliado a todo el que esté contra el chavismo y no politizar algo donde la exigencia era "sólo Chávez puede resolver mi problema" es imposible.

Pero, de politizar la muerte de un huelguista de hambre a insultar a los que decidieron no rasgarse las vestiduras por ello hay un gran trecho. De repente, todos se erigieron en jueces de un luto donde sólo el negro cerrado estaba permitido. Especie de viudas de un marido al que en vida nunca le prestaron demasiada atención.

¿Quién carrizo me creo yo para venir a decretar duelo nacional (con música clásica en la radio incluida)? ¿Critico anónimamente los que, usando sus nombres, apellidos y fotografías, asumen que asistirán a un evento social. Los insulto, minimizando cualquier esfuerzo anterior a favor de la causa del Sr. Brito, mientras yo anuncio que... no sé, voy al gimnasio, al cine o a ver televisión?

Claro, una oposición bien organizada hubiera utilizado la causa (y la muerte) del Sr. Brito como bandera. Y no me refiero a los "politiqueros de oficio", como dice Magdita ¿O es que no se han dado cuenta de que todos los que no estamos con Chávez estamos contra él? ergo, somos oposición.

Qué fuerte hubiera sido ver la rabia e impotencia producida por otra injusticia más transformada en algo más efectivo que insulticos de internet. Y, ¿saben qué? Todavía creo que eso puede pasar.

Me fastidié de los que, desde el teclado, critican a los "guerreros de teclado". De los que usan el "social media" para dárselas de antisociales.
Mi admiración al valiente Sr. Brito, que luchó hasta las últimas cosecuencias por lo que él creía correcto. A ver cuántos podemos presumir de haber hecho lo mismo.
Mis respetos a los que apoyaron las causas del Sr. Franklin (no sólo la de sus tierras, sino la de su Derecho a Huelga), a los que trataron de disuadirlo por el bien de su familia y a los que se dedicaron a que la prensa internacional conociera su historia.

El resto, para mí, son las plañideras 2.0.





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Jun 14, 2010

Adjetivos que no califican

Siempre pensé que los adjetivos se habían creado para facilitarnos la vida. Con un sujeto y un adjetivo tu mamá entendía con quién andabas: fui con"Carolina la catira". Si te preguntaban cuál era tu maestro de Economía, con "uno bajito" bastaba. En una sociedad con 50 María Gabrielas, 50 Adrianas y 200 Danielas todos habríamos parado en locos sin distinguirlas como "La Gorda", "La Negra" o "La Flaca".

Hasta que me mudé a los Estados Unidos y, de repente los, hasta entonces inocentes, adjetivos se tranformaron en insultos. En consecuencia, tratar de describir a alguien sin usar los obvios es como aquel reto de mi infancia, donde tenías que contar un cuento sin decir "entonces".

¿Cómo se supone que describa a una muchacha que pesa 200 kilos? Me aconsejan que use "heavy built": ¿será que eso la hace pesar menos? Tampoco es correcto describir a alguien como "un flaco", mejor decir "athletic built". No hay que ser especialista en semántica para notar que "athletic" suena más lindo que "heavy".

Ni hablar de las descripciones geográficas o raciales: en Venezuela eres (además de venezolana) portu, gallega, turca, china, negra, etc.

Durante una de nuestras reuniones multiculturales, una amiga colombiana y yo reíamos al tratar de explicarles porqué era imposible para nosotras describir a una mujer con un "par de enormes atributos" obviando eso.

Ahora, resulta que aquí les da vergüenza preguntar de qué país eres cuando obviamente el inglés no es tu idioma natal. ¿Será que creen que alguien puede sentirse ofendido porque se den cuenta de que no es norteamericano? Puede ser que su concepto del respeto vaya más allá del nuestro, y que la palabra "teasing" sea mucho más seria que "chalequeo".

Entiendo que su historia de conquistas de derechos civiles ocupa un lugar importante en su ADN y que miles de norteamericanos han luchado para que las diferencias no sean un obstáculo en su "pursuit of happiness"
Nunca me he sentido ni "discriminada" ni mal vista por mi fuerte acento hispano. A diferencia de las "leyendas urbanas venezolanas"que destacan la frialdad de las naturales de estas tierras, mis nuevas amigas han resultado tan panas y solidarias como podrían ser las latinas de pura cepa. Les interesa aprender español y conocer un poco más de nuestro país. Mi adaptación a la cultura, si no norteamericana, por lo menos berkeliana ha sido mucho menos traumática que la de chistes como el del maracucho en Washington.

Sin embargo, acostumbrarme a que lo que era mi normal manera de describir a la gente sea considerado políticamente incorrecto me costará un poco más.

Menos mal que siempre puedo decir "No habla inglés"





Entonces, ¿qué somos?

Primero, Pdvsa fuimos todos. Luego, RCTV fuimos todos. Poco tiempo después, la Radio fuimos todos. Más recientemente, Éxito fuimos todos y ahora, parece ser, que Polar somos todos.
En resumen, creo que no somos nada.

May 13, 2010

Confesiones de una "social media inexpert" Capítulo 1.


Capítulo 1.
Misterios de Twitter.

Quiero empezar por declararme "social media inexpert". Mientran algunos hacen gala de su amplio conocimiento y veteranía en el uso de herramientas como, en este caso, Twitter, yo confieso (así, sin hashtag ni nada), que hay muchas cosas que todavía no entiendo de ésta:

-Los usuarios que se auto retuitean. Si un tweet te quedó precioso, espectacular y quieres asegurarte de que no quede nadie sin leerlo, ¿por qué no lo vuelves a tuitear en lugar de autoretuitearte?.

-Los rts de los halagos, piropos y afines. ¿No se lee como si gritaras "oigan todos: @zutanito me dijo que yo soy muy linda y muy inteligente, ¿oyeron?".

-Los follows caza followers: te siguen, cuando no les devuelves el follow, te lo quitan y en dos semanas te vuelven a seguir a ver qué haces. ¿Cómo para qué?

-Los randomrtadores: personas que evidentemente no hablan español que rtan cosas que obviamente no entendieron, como una felicitación (generalmente muy personal) de cumpleaños.

-Los tuits espejo: la misma noticia, desde el mismo site, tuiteada por casi todas las personas a las que sigo. ¿Será que yo soy la única que leo a los demás?

-Los FollowFriday de buena voluntad: hechos por personas que no siguen a quienes recomiendan.

Hasta ahora, puedo explicarles "Lost" más fácilmente que esto. Quizás por eso es que sigo siendo una pobre social media inexpert.


Apr 14, 2010

1x1: o no es lo tanto sino lo seguido.

El 1x1 y la Autopista del Sur.
Cuando me llevaban al colegio, en el carro sólo sonaban dos categorías de música: la gringa, en emisoras como Éxitos1090 o Radiodifusora Venezuela Dial 790, y la latina, casi siempre proveniente de cassettes, donde oíamos desde La Billos hasta mi favorita: "Dueño de Nada", de José Luis Rodríguez.
Un día, en el carro de una amiga, descubrí "Plantación Adentro", de Rubén Blades. En esa época (finales de los 70), la salsa brava no era muy escuchada en "los carros del colegio". Lo más "orillero" era el atorrante merengue dominicano, que a efectos de entender lo que decía, podía caer en la categoría de música en otro idioma: wakaguacalala aé.
Los carros con los que hacíamos transporte pasaron a ser, para mí, representantes de la música que reproducían: Fiat Brava vinotinto y salsa. Cougar color ladrillo con Billos. Toyota Samurai Gris de Funkytown. Una adaptación sonora del Cortázar que vine a entender años después.
Matrimonios obligados, citas a ciegas y casualidades.
Gracias a María Elena, dijey del carro que me presentó a Camilo Manrique, comenzó mi romance con la salsa. Fue difícil: a mi mamá no le gustaba "esa música", pero al final el amor triunfó y todavía soy tan feliz con ella como el primer día.
Por otro lado, mi papá, isleño rajado, quería obligarme a que me gustara la "isa Canaria", y me serenateaba con timples, laúdes y vírgenesdecandelaria. Pero no hubo caso: nunca existió química entre esas estudiantinas y yo. Buen padre de hija terca: desistió y se conformó con hacerme fan de la Bártoli.
Eso me demostró que los gustos y las afinidades no pueden imponerse. Aunque ame a mi papá me enerva el chillido del timple y mi mamá, aunque me llame todos los días para saber si estoy viva, sigue sin soportar la salsa. Eso no significa que me quiera menos, o eso creo.

El decreto 1x1 de Luis Herrera Campíns o la Ley del Talión Musical.
Mi vida musical era muy fácil hasta que, desde "la autoridad", quisieron obligarme a oír cosas a juro. Salió un fulano decreto que obligaba a las emisoras de radio a rotar una canción extranjera con una venezolana. Me presentaron voces nuevas, pero, aunque repitieran a Colina cada 10 minutos, nunca me gustó. Que quisiéramos a Melissa no tenía nada de original: era el mismo glam rock ochentoso en venezolano. A Frank Quintero lo oíamos antes y Yordano, underground, era mejor sus las versiones glamorizadas.
Estábamos forzados a oír esa música, pero no a disfrutarla: Pueden obligarte a hacer algo, pero no pueden obligarte a que te guste. Esa filosofía, bastante simple, ha guiado mis gustos y nunca me ha fallado.
Entiendo que quisieran apoyar a los desamparados artistas nacionales. Sin embargo, no importa cuánta palanca hayan tenido, si eran malos, ni aunque me forzaran los soportaba y terminaba apagando la radio o poniéndome los audífonos de mi modernísimo walkman.

Todo el mundo tiene derecho a ser oído, y leído (pero diga algo).
El resumen autobiográfico se debe a un "desencuentro" que se presenta en una red social que está de moda ahorita, pero que estoy segura de que no se limita a ésta: Twitter. Y la reciprocidad, un nuevo "Follow 1x1" , donde si te sigo deberías seguirme de vuelta.
Cuando empecé a participar en Twitter sentí cierto miedo escénico. No es cualquier cosa gritar lo que piensas o lo que te gusta sin saber quién te va a leer. Poco a poco y con bastante ayuda fui entendiendo, más o menos, de qué iba la cosa. Descubrí que había personas con gustos similares y creí que el objetivo de Twitter era ése: compartir intereses, en forma de pensamientos, enlaces, música, etc.

No te sigo para que me sigas.
Al igual que mi papá y mi mamá, existe gente a la que amo con la que no comparto el menor interés. ¿Para qué van a calarse mis enlaces de diseño y fotografía siguiéndome en Twitter?. Mis amigos de otros países, y hasta en Venezuela, no dejan de ser mis amigos sin no quieren aguantar mi quejadera contra Chávez y su gobierno en Twitter.
He tenido la suerte de conocer personas maravillosas en Twitter, pero creo que esa red no es para hacer amigos sino para compartir lo que nos gusta, y lo que le gusta a cada uno tiene "subconjuntos" que nos hacen más o menos compatibles allí.
Entiendo que la iniciativa del Follow 1x1, que además viene de alguien a quien aprecio realmente, es la de animar a la gente en esta red social. En palabras de su creador es "una forma de romper el hielo". El riesgo de esos follows backs "obligados" es que se pierda lo que, creo yo, es la esencia, intereses comunes.
Me agrada que me presenten nuevas opciones, y eso es lo que me gusta de que expongan personas nuevas. Pero no me gusta que, como castigo por mi follow estén obligados a leerme de vuelta.
Para que alguien siga mis "updates" debe saber lo que me gusta, que soy mamá, que no leo (extremas) vulgaridades, que amo el cine, las series, los libros y el yoga, el diseño y la publicidad. Si lo que te interesa es la mecánica qué vas a lograr leyéndome?
Al igual que nunca me gustó la isa canaria, hay personas que por más que las obliguen nunca disfrutarán lo que escribo. ¿Por qué convertir lo que debería ser una red social en una tortura para ellos?
Puede que sepan de mí por una recomendación o un RT. Pero léanme porque les intereso, no para tener una barajita más en el álbum de Twitter

Porque, y volviendo al gobierno de Luis Herrera "nadie es monedita de oro para que todo el mundo lo quiera"

Apr 2, 2010

La verdad (no) sea dicha.


¿Una media verdad o una media mentira?

"En Venezuela donde hay tantas cosas para sentirse mal no tiene sentido destruir una historia que nos hace sentir bien". Esa frase, del escritor Francisco Suniaga en "Popule Meus" me hizo pensar en la relación que tenemos los venezolanos con la verdad. Autodefinirnos como "demasiado sinceros" es una de nuestras maneras de disfrazar la realidad: decimos cualquier barbaridad, cierta, para amortiguar nuestras verdades a medias.
Cuando dejé de vivir en Venezuela empecé a comparar los distintos tipos de verdades según los países y las nacionalidades. Mis compatriotas nunca dirían que no, de una vez, a una invitación "retórica". Aquí, si se te ocurre soltar algo como "a ver si este fin de semana nos vemos", responden inmediatamente, como cuando uno le da play al ipod: "estesábadonopuedoporquelas prácticasdesoccersonde9a12yluegoalmuerzanydesdehaceunmesteníanprogramadaunavisitaalmuseo" (en inglés, claro).

Por no creo que vivamos engañados, sino que vemos las cosas cómo nos gustan y tratando de que nuestra revelación de la "otra verdad" no cobre víctimas innecesarias:
Si compruebas que sí hay cervezas como la Polar, cómo vas a salir a decírselo a tus primos? Para qué? Y si resulta que sí hay café tan bueno como el venezolano? Se lo vas a decir al señor de la panadería? A estas alturas eso ya no es cierto: no vengas tú a decirle que tiene 60 años vendiendo algo menos que "lo mejor".

No es que creamos mentiras, es que las convertimos en nuestras verdades. Con ellas nos defendemos de las acusaciones y miedos con las que el país nos amenaza a diario. Son nuestro "lado bueno", que usamos como escudo ante el rostro malvado de la delincuencia y corrupción que pelea por el protagonismo.

Menos mal que el nombre de Miranda sí aparece en el Arco del Triunfo de verdad así nos creen el resto.

Mar 27, 2010

Lo que aprendí al repetir Kínder.

1.- No importa qué tan alto seas, igual terminarás sentado en el piso, mirando hacia arriba.
2.- Las palabras mágicas sí existen, y funcionan. "Please" sí abre puertas. "Time out" es un hechizo paralizante. "Make good choices" logra que las manos desaparezcan y que las bocas se cierren automáticamente.
3.-Nunca es demasiado temprano para que tengan fe en ti: aunque todavía no sepas qué significa esa palabra.
4.- La real competencia no es entre los niños sino entre sus mamás: ellos son igualmente inteligentes, las madres no.
5.-Los niños son como los espejos de los circos: reflejan la realidad de sus hogares, sólo que ligeramente alterada.
6.-Definitivamente, son "mini gente", pero sobre todo, "mini". Así como se ve extraño una niñita usando tacones altos y maquillaje, resulta espantoso un niño de 5 años repitiendo diálogos de "Precious".
7.-No importa lo buena madre que creas ser, tu hijo siempre encontrará algo que te hará sentirte peor que las demás. Y no será su culpa, sino tuya.
8.- Kindergarten parece mucho más difícil después de que has terminado la universidad. Mentira, no parece más difícil, lo es.
9.- Los niños siempre pueden hacer más cosas que tú porque te llevan años de ventaja en el desconocimiento de lo que es imposible.

Todo eso me lo enseñó mi hijo durante su primer año en la escuela. Lo que me espera.

Mar 23, 2010

¿Inmoral yo?

Leía en un foro, donde discutíamos la situación de Venezuela, que había llegado el momento en el que hablar de fiestas, playa o whisky resultaba inmoral. Pensaba, ¿qué puede tener de inmoral que la gente quiera disfrutar un poco con el dinero que duramente se ha ganado, o que piense en ahogar sus pesares (que ahora son más) en alcohol mayor de edad?
Llegué a la conclusión de que hacer eso, cuando queremos hacer creer al mundo que lo que se vive en Venezuela es una dictadura no es inmoral. Es simplemente estúpido: Me imagino la cara de los críticos a nivel internacional, señores serios a los que puede llegarles el informe de HRW y capaces de darle hasta algo de credibilidad, diciendo "¿Cómo esa chica, que se queja de la férrea garra opresora del chavismo, utiliza ese mismo medio para hacer cuenta regresiva de las horas que faltan para Carnavales?".
¿Será que somos tontos, frívolos o incoherentes?
Por supuesto que, antes de opinar, me preparé para las respuestas -ataques- de los residentes en Venezuela: "Vente para acá a ver si dices lo mismo" "muy bueno ser mánager de tribuna". Sí, como si los que están allá hicieran alguna diferencia en cuanto a su dureza en el teclado

"No debato con nadie que no esté de acuerdo conmigo"

Hace unas semanas, en la red social Twitter, el conocidísimo músico Willie Colón decidió emitir una opinión no muy favorable al presidente venezolano, Hugo Chávez, en apoyo a los que condenaban el nuevo cierre de otro canal de televisión opuesto a las "verdades" gubernamentales.

Nadie refutó lo que dijo Willie Colón con datos que dijeran lo contrario a lo que él afirmaba de Chávez. Cuando criticó el cierre de medios de comunicación, o lo que hacía a los venezolanos, en lugar de defenderlo con cifras que dijeran que los medios eran libres, que no existía delincuencia o que todos eran más prósperos desde que él está en el poder, los defensores de Chávez se dedicaron a "googlear" cuando cuento oscuro existía del maestro, como si nombrar una noche de parranda de Willie Colón tuviera la capacidad de reducir la cifra semanal de muertos en Caracas; o un desacuerdo con "La Voz" fuera capaz de hacerlos olvidar, por lo menos en Twitter que se nos acaban los espacios de discusión, porque somos incapaces de ir más allá de los insultos. No sabemos debatir.

Ante una posición con la que no estamos de acuerdo, insultamos al que la expresa. No intentamos, ni siquiera, argumentar nuestro desacuerdo: el que no sea "de los nuestros" lo convierte en un enemigo al que ni siquiera creemos capaz de entender nuestro idioma. Por eso procedemos a emplear con ellos nuestro vocabulario más básico, acompañado, por supuesto, de menciones a su genealogía que lo hacen, en nuestra opinión, habitantes de otra dimensión (desconocidísima para nosotros, por supuesto).

Un debate no debería ser un concurso de insultos. Debería dar la oportunidad a los que lo presenciamos de conocer diferentes puntos de vista y, hasta, quién sabe, ser capaz de hacernos cambiar de opinión.

Eso es lo que pienso. ¿Alguien quiere debatir mi punto de vista?

Del tamaño de su voz, por Adriana Bertorelli Párraga


Ella, la que cantaba boleros, nació algún día de 1935 en Cuba, en un pueblo pobrísimo de Camagüey llamado Céspedes. No sabemos cuántos hermanos tuvo, ni si los tuvo o quiénes fueron sus padres. Sabemos que era pobre, que era negra e inmensa, y que por 1948 se fue a La Habana a trabajar de cocinera. Fue entonces cuando Fredesvinda García se convirtió en La Freddy, la estrella del Bar Celeste, la que cantaba sin música.

Fredesvinda o Fredelina, como alguna vez se le escuchó presentarse, llegó a La Habana en plena Cuba de Batista. Del segundo Batista. Cuando la revolución económica en Cuba estabilizaba los intereses económicos de Estados Unidos a través del líder de la mafia Meyer Lansky. La Habana se había convertido entonces, con la venia de Batista, en el patio de juegos de la mafia: del tráfico de drogas, de los casinos, de los carros lujosos, de luchas entre capos, del alcohol sin límites. El paraíso de todos los excesos posibles. Para darse una idea basta ver El Padrino II. Era la Cuba de las vitrinas panorámicas en las tiendas de diseñadores famosos, de las vacaciones del jet set, de visitas frecuentes de Marlon Brando, Ava Gardner, y por supuesto, de Frank Sinatra. Era la Cuba donde abundaba la champaña y la langosta. Un nirvana absoluto para que a una muchacha del campo con pretensiones de cantante y atrapada en una belleza enorme e incomprendida, se le quitara el hipo y se le elevaran los sueños. La Cuba en la que los perfumes franceses Guerlain todavía leían en su etiqueta: Paris, New York, La Habana.

La versión más conocida –y manoseada– de la vida de La Freddy, si bien él mismo aclara que no es una biografía, fue el homenaje que le hiciera Guillermo Cabrera Infante en capítulos incisos de su novela Tres Tristes Tigres, con el nombre de “Ella cantaba boleros”. Por mucho tiempo se pensó que esa Estrella Rodríguez que Cabrera Infante dibujaba, esa cantante negra y colosal de unos ciento cincuenta kilos que describió con tanta belleza, pero también con tanto desdén, era un personaje de ficción: "…Con un vaso en la mano, moviéndose al compás de la música, moviendo las caderas, todo su cuerpo, de una manera bella, no obscena pero sí sexual y bellamente, meneándose a ritmo, canturreando por entre los labios aporreados, sus labios gordos y morados, a ritmo, agitando el vaso a ritmo, rítmicamente, bellamente… el efecto total era de una belleza tan distinta, tan horrible, tan nueva…". Luego el escritor admitió que los capítulos de “Ella cantaba boleros” fueron un homenaje a La Freddy después de enterarse de su muerte, aunque siempre aclaró que el suyo era un retrato repleto de fábula.

Ella guisaba de día y cantaba de noche. Después de terminar su jornada como cocinera en casa de Arturo Bengoechea, presidente de la Asociación Cubana de Béisbol, la Freddy se bañaba, (según Cabrera Infante, la Estrella era anfibia, no sólo porque parecía una ballena y era totalmente lampiña, si no porque siempre estaba mojada: o estaba bajo la ducha o estaba sudando), se vestía, y en la noche se iba al Bar Celeste, lugar de encuentro de bohemios y artistas que quedaba entre las calles Infanta y Humboldt. Se sentaba a fumar cigarrillos mentolados junto a la rockola y tomaba ron hasta la madrugada. No hablaba mucho, sólo fumaba y sentía. Un día alguien apagó la rockola y le pidió que cantara, seguramente ya la había visto fumar, bambolear al ritmo su cuerpo inflamado y tararear a media voz. Un guitarrista se ofreció como acompañamiento pero ella no quiso, dijo que la música la llevaba ella por dentro y para qué más. Así que cantó a capella con su voz absoluta, y desde esa noche, todas las noches.

. Cantaba como un volcán, pero también era capaz de una ternura infinita que conmovía hasta las lágrimas. Con un registro de contralto, su voz era tan profunda que llegaba a parecer de tenor, incluso de barítono. Freddy tenía que sortear a diario el escrutinio de combinar un físico fuera de todos los parámetros con la sorpresa de la duda de si tenía voz de hombre o de mujer. Poseía, manipulaba, paseaba con su voz que dibujaba un lamento profundo. Parecía que cantara con la vagina. Reinventaba la música con un sentido único en el que a veces su público tardaba en reconocer los boleros de siempre. Cabrera Infante diría: “Hacía tiempo que algo no me conmovía así y comencé a sonreírme en alta voz, porque acababa de reconocer la canción, a reírme, a soltar carcajadas porque era Noche de ronda y pensé, Agustín (Lara) no has inventado nada, no has compuesto nada, esta mujer está inventando tu canción ahora: ven mañana y recógela y cópiala y ponla a tu nombre de nuevo: Noche de ronda está naciendo esta noche”. A media luz, con los ojos cerrados, Freddy cantaba con esa voz grave, tristísima, como salida del centro de la tierra, que partía el corazón en dos. Alargaba las frases, las hacía infinitas. Cantaba y lloraba.
La Habana nocturna se fue pasando la voz. Ya algunos sabían que en la madrugada se apagaba la rockola y el Bar Celeste se convertía entonces en el templo de la Freddy. Cada vez más se llenaba de músicos, de conocedores, que a su vez traían a otros a iniciarse en el arte de este animal extraño, hermoso y descomunal, que cantaba como un saxo barítono. La voz de Freddy, por sí sola, constituía un ritual de apareamiento. Cantaba y cantaba por horas, siempre en penumbras, siempre llorando. Una noche, demasiado tarde, algún vecino se quejó por el ruido del bar y le pidieron que callara. Entonces cruzó la calle y siguió cantando bajo un farol.

. Fue descubierta en toda su humanidad por el empresario Carlos Palma, que le dedicó una buena crítica y, poco tiempo después, ya estaba cantando en el cabaret del hotel Capri, aunque, muy a su pesar, con obligado acompañamiento orquestal. La revista Habanera Show en su número de julio de 1959 titulaba: “Del servicio doméstico surge una bolerista que ha de ser célebre” y seguía: “Nuestro nuevo descubrimiento ha de ser explosivo y sin pecar de aspaventeros, podemos anticipar que estamos presentando en Freddy García a una de las boleristas más notables de Cuba y quizá del mundo".
Con Freddy no había términos medios, no podía haberlos. Se bañaba hasta cuatro veces al día y se regaba con frascos enteros de agua de colonia de la cabeza a los pies. Obsesionada con los olores, se moteaba tanto talco que luego se convertía en anillos blancos alrededor del cuello corto que sostenía la gran luna oscura que era su cara. Se dice que le gustaban las muñecas y que a pesar de su voz total, era de una ingenuidad desarmante. Le encantaba pasear y recorrer las vitrinas fascinada por las luces de las tiendas y los maniquíes con vestidos de moda.
Luego del Capri y otros cabarets como Las Vegas y el Tropicana, vino su debut televisivo en Jueves de Partagás, un programa de variedades en el que cantó con Benny Moré y Celia Cruz. Sentenciosa como en todo, afirmó que estaba tan feliz que después de esa noche, ya podía morirse.
.Ya Freddy era una estrella, aunque nunca fue famosa. Su voz quedó para siempre en un disco de larga duración el único, grabado en 1960 en la placa de acetato número 552 del sello Discos Puchito, el mismo que ya había grabado a Celia Cruz, Mercedita Valdez, Celeste Mendoza, Bertha Dupuy y Olga Guillot. Fueron doce temas recopilados en el disco: Noche y día, Freddy con la orquesta de Humberto Suárez con arreglos demasiado predecibles, lo que no deja de ser paradójico, sabiendo que a ella le gustaba cantar a capella, sin acompañamientos. Sobre esto, César Miguel Rondón, autor de El libro de la salsa, opina: “El timbre de Freddy no se parecía a nada, era un sonido fuera de serie, un fenómeno, literalmente hablando. Tratar de hacerle un arreglo a aquella voz de trueno, que no era de hombre ni de mujer, era como intentar meter un camión dentro de un pitillo. Esa grabación requería a lo sumo, unas maracas y un bongó. Esa voz reinventó Noche de ronda. No era una voz para el melómano convencional”.

. Hay quienes aseguran que el director de las películas Calle 54, La niña de tus ojos y Belle epoque, el premiado cineasta español Fernando Trueba, contempló la idea de hacer una película sobre Freddy que sería protagonizada por la contralto venezolana Neiffe Peña. No suena descabellado considerando los evidentes gustos musicales del cineasta y su interés por la música cubana. Prueba de esto es que su última película, El milagro de Candeal, fuera protagonizada por el gran pianista cubano Bebo Valdés y que su película Calle 54, un gran éxito tanto de crítica como de reconocimientos internacionales, viera premiada su banda sonora como mejor álbum de jazz latino. Se sabe a raíz de estos comentarios que Neiffe Peña, ahora radicada en México, estuvo en Cuba investigando exhaustivamente sobre la vida de Freddy e incluso logró entrar en contacto con Grisel, única hija de Freddy de quien hasta ahora sólo existían presunciones.

Gracias a la recomendación y perspicacia de Mario Vargas Llosa y de Javier Marías, según el mismo Cabrera Infante escribiera en el prólogo, Ella cantaba boleros fue editada como un libro en sí mismo en 1996. A raíz de su publicación en España se reeditaron, en otro disco, los únicos doce temas que Freddy grabó, no más, sólo doce. Gracias a ese disco, que hoy todavía es una rareza para conocedores, se comienza a reconocer su importancia musical. Valdría la pena el experimento de limpiarlo de los arreglos cocteleros de Humberto Suárez, que hacen que la banda de jazz compita con esa voz que no tenía igual, para dejar a Freddy tan desnuda y despojada como ella era.
Acerca de su interpretación de la canción Freddy, especialmente escrita para ella por Ela O´Farrill la misma Freddy declaró para la Revista Élite en su visita a Venezuela en 1960: “Siempre que la canto en público no paro de llorar. Mi público dice que soy dramática en escena. Yo no entiendo esto. Lloro porque me emociono y porque siento temor. El disco mío tiene una fotografía en la que estoy llorando. Es un mal sin remedio”. La canción, casi una autobiografía, dice: "No era nada ni nadie/ y ahora dicen que soy una estrella/, que me convertí en una de ellas/ para brillar en la eterna noche".

. Luego de estallar la revolución cubana en 1959, uno de los acontecimientos más controversiales del siglo pasado en América Latina, comenzaron a recoger las rockolas de todos los bares que Freddy frecuentaba: las montaron en camiones con la excusa de un operativo y se las llevaron. Primero una, después otra, después otra. Las dos caras de La Habana de los sesenta comenzaron a enfrentarse de madrugada, cuando a la misma hora en que unos salían del cabaret, otros ya iban en camino a cortar caña de azúcar. El gobierno revolucionario ya había expropiado las empresas norteamericanas radicadas en Cuba y todas las grandes compañías cubanas hacia octubre de 1960. También había confiscado o clausurado todos los medios de difusión para esa fecha. Empezó el racionamiento, y como ya no había posibilidad de adquirir cosméticos importados, las mujeres comenzaron a delinearse los ojos con témpera y las oficinistas a dibujarse una raya negra al dorso de las piernas para simular que llevaban medias de nylon. Los artistas que pudieron se llevaron su música a otra parte y así Cuba se quedó sin la muñequita que canta, Blanca Rosa Gil, sin el bárbaro del ritmo, Benny Moré y sin la reina del guaguancó, Celeste Mendoza, entre una lista interminable de cantantes, compositores y otros músicos que todavía siguen regados alrededor del mundo, cantándole a su país.

Fue entonces cuando Freddy se fue de gira a México, Colombia y Venezuela con la compañía de variedades de Roderico Neyra, un mulato enfermo de lepra que llevaba guantes blancos para disimular su deformidad. Rodney, como le decían, era de una homosexualidad afectada y cáustica y se hizo tremendamente famoso por su tino como descubridor de estrellas, pero, aun más, como coreógrafo del Tropicana. Muchas estrellas de la música cubana de esa época, incluyendo a Celia Cruz, no dudaban en agradecerle parte de su éxito.

Del paso de Freddy por Venezuela quedan pocos recuerdos. Se presentó en el Pasapoga, cabaret de moda en los años cincuenta y sesenta, ubicado en la avenida Urdaneta. Cantó en Venevisión y se sabe que todavía en el diario Últimas Noticias existe un extraordinario archivo fotográfico prácticamente inédito. En una de esas fotos, aparece una Freddy grandiosa y feliz con un lazo en la cabeza, abrazando a una muñeca. Algunas de las publicaciones de la época reseñan el fenómeno de su visita, como lo demuestra la Revista Élite: “Desde hace unas semanas Freddy estremece a los venezolanos con su estilo limpio, original, purísimo. En las pantallas de los televisores –donde cabe a duras penas– Freddy suele asomarse para cantar una `noche de ronda’ como los ángeles... Por la noche, la pista del night club donde trabaja se llena con su cuerpo y el night club todo se llena de su voz redonda y sonora que no se parece a ninguna. Freddy es aplaudida una vez. Y otra. Y otra más. Entonces, nadie ve el tronco de mujerota: todos ven su voz, su pureza, la ternura de sus expresiones...”

Luego de Venezuela, su gira continuó por Colombia, México y Puerto Rico, donde el último día de julio de 1961, en una fiesta en casa del músico cubano en el exilio Bobby Collazo, compositor de éxitos como Tenía que ser así y La última noche que pasé contigo, bebiendo, riendo, cantando entre amigos y conociendo la fama a los veintiséis años, Freddy sufrió un infarto, el segundo. Y allí murió.

Y desde entonces, muchas conjeturas se han tejido en torno a la Freddy: por su volumen, por su timbre profundo y su vida áspera, casi hasta el final. Muchas presunciones sobre si realmente hubiera llegado a ser famosa de no haberse ido tan temprano.

Todavía hay quien se pregunta de qué tamaño fue o pudo haber sido. Pues del único tamaño que realmente importa: del tamaño de su voz.


Publicado por la revista Marcapasos.